¿Por qué la Slow fashion es cool?

Tener hermanos significa miles de cosas buenas, entre ellas una muy valiosa: compartirlo todo, y ese todo incluye la ropa. ¿Quién no ha tenido que usar alguna vez lo que se le quedaba pequeño a los hermanos o primos mayores y seguía en buen estado?

Hablar ahora de ciclo sostenible parece revolucionario cuando en realidad es una práctica de reciclaje casero que se ha venido haciendo toda la vida. Menos mal que ya vemos bien ofrecer nuestra ropa fuera del círculo más cercano. Tal es así que para hacerlo atractivo y oficial incluso hemos acuñado el término pre-amado. Lo único verdaderamente nuevo de esta tendencia de consumo sostenible es esa palabra, tan acertada por la carga emocional que hay detrás. Atesorar recuerdos que van unidos a determinados looks que hemos llevado es algo que nos ocurre a todos, a veces dejándonos sorprendidos del grado de detalle del recuerdo o de lo admirados que nos sentíamos llevando puesto esto o lo otro. Pre-amado es por tanto un término redondo. Es más, pretende hacer justicia dándole valor a aquello que durante mucho tiempo ha sido considerado prescindible o poco deseable, teniendo ahora por fin el sitio que le corresponde en nuestro armario.

Hasta hace bien poco quienes iban a la vanguardia de esta tendencia que está arrasando los últimos tres años se podían llamar pre-lovers, auténticos visionarios de lo que ya es una realidad galopante. Reconforta ver cómo la idea de re-amar se está revalorizando cada día, que comprar prendas y complementos de otras temporadas estamos entendiendo que es la mejor manera que vamos a tener de subirnos al carro del consumo inteligente dentro de la industria de la moda. No solo eso, hacerlo es lo más cool en este momento.

Igualmente lo es, y mucho, crear moda basada en el compromiso de que sea para ponerse las prendas durante muchas temporadas, o lo que es lo mismo, la llamada Slow fashion, concepto que se sitúa a años luz de su opuesto, la Fast fashion, esto es, el diseño efímero, la pésima calidad de la prenda, el deseo de desechar enseguida lo que nos hemos puesto apenas unas cuantas veces y también la aceptación de las lamentables condiciones de trabajo en sus fábricas de producción masiva, identificado y personalizado en marcas globales que nos suenan a todos.

Kate Fletcher fue la precursora en 2007 de la Slow fashion. Esta profesora de Sostenibilidad, Diseño y Moda en Londres define su defensa de la moda Slow fashion como una filosofía de vida, con lo que estamos totalmente de acuerdo y que elevamos a los cielos para convertir en religión. No es posible estar viviendo en el siglo XXI y no darse cuenta de que es la postura razonable y ética, el camino a seguir si queremos hacer las cosas bien para nosotros, para los demás y para el planeta. Porque a estas alturas ya tenemos que ser conscientes de que los recursos disponibles, por ejemplo el oro necesario cada día para todos que es el agua, son limitados y susceptibles de ser malgastados, a lo que hay que sumar que no hay un planeta de repuesto.

Cambiar nuestra manera de ver lo que nos ponemos a diario es lo que está convirtiendo la sostenibilidad en una dinámica inteligente. Tú eres parte de esta dinámica, una parte importantísima. Es tiempo de potenciar tu carácter individual, de destacar lo singular frente a lo impersonal. Compra con cabeza. Escoge lo que te gusta. Maximiza posibilidades. Deja que tu creatividad fluya. Ábrete a ser todavía más tú escogiendo comprar piezas que no encontrarás en ninguna última colección. Haz disfrutar de lo tuyo a los demás y disfruta tú también de lo suyo. Mira desde ahora con ojos renovados el apasionante universo de lo pre-amado y de la Slow fashion, que son infinitos. Combina. Repite. Y sobre todo: Disfruta.

 

Foto: Matilde Langevin

 

 

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